El Cuaderno de Viaje. (I)

Las conquistas mercantiles de los albores del capitalismo y el impulso enciclopédico del Siglo de las Luces, exigían la presencia de eruditos y dibujantes en las grandes expediciones que se organizaban, cuyas aportaciones del estudio y descripción de las cosas del natural, nutrían, a su regreso, el conocimiento y la curiosidad ilustrada.

Al nuevo método científico, cuyo resumen puede ser la frase de Kant: “ atrévete a pensar a través de tu propio conocimiento”, y que se basaba en observar y cuestionar, se unía un nuevo territorio visual propiciado por los dibujos que tomaban parte en la aventura.

Cuando Alejandro Malaspina planteó al rey el proyecto de un viaje alrededor del mundo, en el que además de logros científicos se pretendía obtener un conocimiento actualizado del estado en que se encontraban las posesiones españolas, y la de otras tierras ajenas a la monarquía, en los distintos continentes, también consideraba necesario contar en la expedición con “dibujantes de perspectivas” que “ representen a lo vivo aquellos objetos que ni aún las plumas más diestras pudieran describir cabalmente”.

Los italianos Fernando Bambrilla y Juan Ravenet fueron los elegidos para describir ciudades, paisajes, personas, costumbres, en todos los puntos a donde llegó esta expedición. (Sus más de mil dibujos y algunos óleos no llegaron a publicarse y se perdieron en gran parte, gracias al talento y al empeño del todopoderoso Godoy).

Los artistas-viajeros desarrollaron un trabajo utilitario, que abrió nuevos mundos al conocimiento ilustrado, pero no pudieron sustraerse al desbordamiento de la emoción al enfrentarse a la inmensidad de nuevos espacios, a las costumbres inconcebibles de otros seres humanos desconocidos, al asombro ante extraños animales, a la reflexión sobre la distancia y la lejanía, la soledad, el individuo y la naturaleza.

También habían viajeros que se convertían en improvisados artistas que captan con extraordinaria ingenuidad la confrontación con la realidad. Todos estos artistas mezclaban sus impresiones y sus ánimos, inventaban nuevas estéticas y expresiones singulares, convirtiendo sus cuadernos en auténticos laboratorios de ideas y experimentación.

El cuaderno de viaje es el compañero de ruta que recibe la confesión más íntima del artista y se convierte en una huella de una vida hecha de múltiples fragmentos. El cuaderno de viaje es el registro de esa vivencia tanto para el autor como para quien lo comparte.

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2 Responses to El Cuaderno de Viaje. (I)

  1. Loli says:

    Bien!!! Ramón eres unic!. Un abraç.

  2. Exmaestro Zen says:

    Estoy impaciente por leer el siguiente capítulo. ¡Ánimo!