Próximo lugar de encuentro.

Este sábado, 11 de enero, vamos dibujar al huerto de la Mezquita, o de la Cruz Roja, cuyo acceso está situado en la calle Gabriel y Galán, 33, a las espaldas del Mercadona ubicado en la Avenida Juan Carlos I. En él se encuentran las instalaciones de la Cruz Roja y la casa-estudio que allí construyó el pintor José María López Mezquita.

Es una atención que tiene con nosotros la Cruz Roja, facilitándonos la entrada entre las 10:00 y las 13:00 horas.

Este huerto (lo que queda de él) no debe su nombre a que allí haya habido una mezquita (anteriormente formaba parte del huerto del Murciano), sino al famoso pintor José María López Mezquita (Granada, 1883-Madrid, 1954), conocido internacionalmente, medalla de oro en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de 1901 y 1910, y académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Aprovechando el mecenazgo de la infanta Isabel de Borbón, viajó por Europa y residió cuatro años en París. En 1926 marchó a América, donde cosechó grandes éxitos, permaneciendo allí varios años, intercalando breves regresos a España. En 1928 regresó de Nueva York con una notable fortuna, conseguida con los encargos que recibía y los cuadros que vendía, y decidió construirse dos estudios:  uno en un lugar tranquilo de Ávila, y otro en los palmerales de Elche para pintar en invierno.

Pere Ibarra lo recibió y atendió, eligiendo el citado huerto para ubicar un chalet en el que predominan las formas cúbicas sencillas que le dan un aspecto tectónico, con curiosos elementos arabizantes en los espacios interiores. No se conoce el arquitecto que lo proyectó, pero sí se aprecia el preludio de algunas obras que realizó Serrano Peral en los huertos ilicitanos.

Su planta tiene forma de L, en un volumen, con cubierta plana y cúpula sobre la escalera. El porche se abre al huerto con pórticos acuartelados, que no sobresale del edificio, como sería lo tradicional, sino que se excavan en la masa del edificio.

López Mezquita pintó los palmerales y volvió a Nueva York, donde los expuso. Cuando regresó, encontró los huertos talados y una gran fábrica al lado de su casa que producía “un estruendo ensordecedor” (seguramente, la Zapatillera).

En 1952 se adaptó el edificio para la Cruz Roja, del cual destaca Gaspar Jaén la integración del volumen del mismo en el huerto de palmeras, tanto por su escala como por su plástica.

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